Teletipos (TTY): cuando hablar con un ordenador hacía ruido, manchaba papel y aun así funcionaba
Antes de que los ordenadores tuvieran pantallas.
Antes de que hubiera cursores, ventanas o ratones.
Antes incluso de que alguien pensara que “interfaz de usuario” era una cosa importante…
Había máquinas que escribían.
Los teletipos —o TTY— no mostraban texto en una pantalla, lo imprimían. Cada carácter, cada salto de línea, cada error… Todo quedaba registrado en papel continuo, como si el ordenador tuviera la manía de no fiarse de la memoria y necesitara dejar constancia física de todo lo que decía.
Ruidoso. Lento. Tosco.
Y, aun así, durante años fue la forma más fiable de hablar con una máquina.
Un teletipo (TTY) era una máquina electromecánica que permitía enviar texto a un ordenador y recibir la respuesta impresa en papel. No había pantallas: todo se escribía. Fue la base de la interacción hombre-máquina durante décadas y el origen de muchas convenciones que seguimos usando hoy.
De dónde salen los teletipos
Los teletipos no nacieron en la era de la informática, nacieron en la de las telecomunicaciones: Mucho antes de que existieran los ordenadores como los entendemos hoy. Y su nacimiento se debía a una necesidad muy concreta: enviar texto a distancia sin depender de la voz. El telégrafo fue el primer paso. El teletipo, su evolución natural. ¡¿Y el Fax?! El fax, ya es otra historia 😉
A finales del siglo XIX, el gran problema no era programar máquinas, sino enviar texto a distancia sin depender del operador humano. El telégrafo existía, sí, pero requería personal entrenado en código Morse. Eso limitaba su uso.
Ahí aparece un ingeniero francés que en 1874 tuvo una idea brillante y práctica: un sistema que permitiera enviar caracteres codificados mediante impulsos eléctricos y que, en el extremo receptor, se imprimieran automáticamente.
Baudot no inventó el teletipo tal y como lo conocemos, pero sí sentó las bases:
un código de caracteres (el famoso código Baudot), una máquina de teclado y la idea de que el texto podía viajar por cables sin intervención humana constante.
Dato curioso: el código Baudot usaba solo 5 bits. No por capricho matemático, sino porque era lo mínimo viable para que la máquina funcionara de forma fiable con la tecnología de la época. Limitado, sí. Revolucionario, también.
Décadas después, ese concepto evolucionó hasta convertirse en máquinas capaces de escribir texto automáticamente en papel. Y ahí nació el teletipo moderno.
Un teletipo era, básicamente, una máquina de escribir conectada a una línea de comunicación. Tú tecleabas en un sitio. En otro, a kilómetros de distancia, otra máquina imprimía exactamente lo mismo.
Cuando aparecieron los primeros ordenadores, alguien hizo una pregunta lógica:
¿y si usamos estas máquinas para hablar con ellos?
Y así fue como los teletipos acabaron conectados a sistemas informáticos.
No por elegancia.
Por disponibilidad.

Cómo evolucionaron: del telégrafo al corazón de Unix
Durante la primera mitad del siglo XX, los teletipos se refinaron. Dejaron de ser experimentos y pasaron a ser infraestructura crítica.
Las empresas a fabricar modelos industriales: grandes, pesados, chirriantes… pero increíblemente fiables. El Model 33, por ejemplo, acabó siendo omnipresente en oficinas, centrales telefónicas y, más tarde, salas de ordenadores.
La evolución fue clara:
- Primero, comunicación punto a punto entre humanos.
- Después, conexión directa con sistemas automáticos.
- Finalmente, integración total con ordenadores.
Cuando llegaron los primeros sistemas Unix, el teletipo ya estaba ahí. Y en lugar de inventar algo nuevo, los ingenieros hicieron lo que siempre hacen los buenos ingenieros: aprovechar lo que funciona.
Unix se diseñó pensando en que la entrada y la salida de datos eran, básicamente, texto que entraba y salía de un teletipo. Por eso hoy seguimos hablando de /dev/tty, de stdin, stdout y stderr. No es nostalgia: es compatibilidad histórica.
Cuando las pantallas sustituyeron al papel, el modelo mental no cambió.
El teletipo dejó de ser una máquina física… pero siguió vivo como concepto.
Anécdota: el día que el ruido era una ventaja
Una de las cosas que más chocan hoy al hablar de teletipos es el ruido (Y disculpad que seamos pesaditos con ello, pero los que habéis vivido los módems de 56kbs sabéis que hay cosas que se graban en la mente como cuchillos) Aquellas máquinas no eran discretas. Cada carácter sonaba. Cada línea se anunciaba.
Y, sin embargo, ese tamborileo tenía una ventaja inesperada.
En muchas salas de ordenadores, los operadores sabían que algo iba mal por cómo sonaba la máquina. Un cambio en el ritmo, una pausa extraña, un golpe fuera de lugar… era una señal de alerta.
Antes de los dashboards, antes de los logs visuales, antes de los sistemas de monitorización, el oído humano era una herramienta de diagnóstico.
Cuando el teletipo se quedaba en silencio, ahí sí que había un problema.
Cómo funcionaban
Un teletipo era una complejísima máquina electromecánica: Tenía motores, relés, palancas y martillos. Cada letra que veías impresa implicaba movimiento físico.
El flujo era simple:
- escribías una tecla
- se enviaba un código (normalmente ASCII)
- el ordenador procesaba la orden
- la respuesta volvía
- y el teletipo la imprimía carácter a carácter.
No había “pantalla que refrescase”.
Había papel que avanzase.
Si te equivocabas, no borrabas: tachabas.
Si el programa fallaba, lo veías impreso.
Y si el sistema se colgaba… silencio absoluto.
El ruido, el papel y la paciencia
Usar un teletipo no era una experiencia silenciosa ni rápida.
Era una conversación ruidosa.
Cada carácter sonaba.
Cada línea se imprimía con violencia mecánica.
El papel continuo caía al suelo como una serpiente blanca llena de comandos, errores y respuestas.
Había que tener paciencia.
Y papel de sobra.
Pero también tenía una ventaja inesperada: todo quedaba registrado. Logs antes de que existiera la palabra “log”. Si algo iba mal, podías rebobinar la conversación, literalmente, cogiendo el rollo de papel y leyendo hacia arriba.
Muchos programadores aprendieron así: leyendo metros.
¿Qué se hacía con un TTY?
Nada espectacular; sólo lo importante.
En teletipos se hizo:
- programación temprana en assembly, Fortran, C
- interacción con los primeros sistemas Unix,
- ejecución de trabajos por lotes
- edición de texto primitiva
- depuración leyendo salidas impresas.
De TTY a terminal: cuando el papel estorbaba
Con el tiempo, el papel empezó a ser un problema.
Gastaba recursos.
Era lento.
Ensuciaba todo.
Así que alguien tuvo otra idea sencilla: ¿y si en vez de imprimirlo todo, lo mostramos en una pantalla?
Ahí nacen los primeros terminales de vídeo. Pero ojo: conceptualmente, seguían siendo teletipos. Solo que sin papel.
Por eso, cuando hoy abres una consola y el sistema habla de /dev/tty, no es nostalgia. Es herencia. El sistema sigue pensando que tú estás hablando con algo que imprime texto línea a línea.
Porque durante mucho tiempo, así fue.
Por qué seguimos llamándolo TTY en 2026
Hoy no hay papel.
No hay motores.
No hay ruido.
Y, sin embargo, seguimos usando la palabra TTY.
Porque los conceptos sobreviven al hardware.
Porque las abstracciones bien hechas duran más que las máquinas que las originaron.
Cada vez que usas una terminal.
Cada vez que rediriges entrada y salida.
Cada vez que ves que un proceso “tiene un tty asociado”.
Estás usando una idea nacida cuando hablar con un ordenador implicaba mancharte los dedos de tinta y escuchar cómo una máquina te respondía a golpes.
Y eso, en informática, siempre ha sido suficiente.
Si alguna vez te has preguntado por qué un sistema moderno sigue usando palabras tan raras como TTY, ahora ya sabes la respuesta: no son rarezas. Son fósiles vivos.









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